“¿De qué discutían en el camino?” (Mc. 9, 29-36)

Homilía del Domingo 23 de Septiembre de 2018)
LA HOMILÍA XXV TIEMPO ORDINARIO
“¿De qué discutían en el camino?” (Mc. 9, 29-36
Es una pregunta que Jesús hace a los discípulos caminando hacia Jerusalén y que ellos no se atreven a contestar.

Los discípulos mientras caminaban discutían entre ellos quién era “el más importante”. No hablaban, iban discutiendo. Piensan que Jesús no atiende, pero él oye y pregunta: ¿De qué discutían?: Ser importante constituye un deseo irreprimible en los seres humanos, también en los discípulos de Jesús y en nosotros.
Esta pregunta de Jesús es muy importante. Jesús conoce bien el corazón humano y la ambición de poder que, a veces, nos domina y tiene interés en que sus discípulos se pongan en la verdad y que le digan de qué han hablado por el camino. Sí, es importante decirnos la verdad… La verdad sobre nuestra necesidad exagerada de reconocimiento, nuestro deseo de ser importantes, de ser los primeros… Nuestra misión sólo encuentra sentido, si la vivimos como servicio. Toda misión, todo cargo, es siempre un servicio a los demás. Pero ¿no es verdad que hacemos muchas cosas por esa necesidad exagerada de ser reconocido, de salir de la sombra, de ser el primeros/a.?
La ambición de poder conduce a una situación en la que uno se impone y los demás sirven; uno es feliz y los demás, infelices; uno es vencedor y los demás derrotados… Sabemos con qué resultados se puso por obra el ideal del superhombre por Hitler. Pero no se trata sólo del nazismo; casi todos los males de nuestro mundo se enraízan en esta gran ambición de poder que llevamos dentro.
Dice el texto que “ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante”. Los discípulos se quedan callados. El silencio de los discípulos delata que son conscientes de que Jesús no aprueba sus ansias de poder y tienen miedo a su reacción. Tal vez, les daba vergüenza decirle la verdad. Es tremendo, que mientras que Jesús les hablaba de su pasión y de su muerte en cruz, ellos estuvieran discutiendo sobre quién iba a ser más importante. Pero Jesús rompe ese silencio que cierra al ser humano en su propia ambición y les dice de manera tajante:
“Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Los discípulos ambicionan el puesto más importante, cada uno quiere estar por encima de los demás, ser el primero. Jesús se sitúa en otra perspectiva y afirma que el puesto de “primero” en la comunidad no está reservado a un individuo o a un grupo, sino que lo ocupa todo aquel que se haga último y servidor de todos. De este modo, Jesús, sale al paso de la ambición demostrada por los discípulos. No admite el deseo de rango, pero sí, la aspiración a estar cercanos a Él y seguirle. Quien se hace último y servidor de todos, se parece a Jesús y le sigue más de cerca.
En nuestra cultura actual, ¿Quién piensa hoy que los hombres y mujeres más importantes son aquellos que viven entregados al servicio de los demás?
Después Jesús tiene un gesto impactante: “tomando a un niño lo puso en medio de ellos, lo abrazó”… ¿Qué significa este gesto? La referencia a un niño tiene un profundo significado, pues el niño, en aquella cultura, representaba algo pequeño, indefenso y socialmente irrelevante. Jesús coloca en medio, en el centro a un niño como punto de referencia. Abrazar al niño, es un gesto de cariño y de identificación con él.
Acoger al que no cuenta es acoger a Jesús y a Dios. Pertenecer a la comunidad de Jesús pasa por acoger y servir al último, al que no cuenta.
La comunidad alternativa que Jesús nos propone echa por tierra los esquemas de nuestra cultura y de nuestra sociedad, siempre propensos a encumbrar al primero y a menospreciar al último. La humanidad necesita una nueva orientación y un cambio de rumbo. El futuro del mundo no está en una vida sin Dios y sin referencia a los valores del Evangelio. El liberalismo sin entrañas que acampa a sus anchas es germen de injusticias y de sufrimientos para muchos seres humanos. La crisis económica y el drama de los refugiados nos están mostrando las consecuencias perversas del camino emprendido por la sociedad occidental en las últimas décadas. Los cristianos necesitamos hoy con urgencia convertirnos, y volver al Evangelio.
El mensaje central del Evangelio es el servicio: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”: Las palabras de Jesús son admirables, transparentan el amor del Padre que El vivió y nos proponen una nueva manera de vivir que nos puede hacer felices: el mayor es el servidor, el primero es el que se da a todos sin reserva. Sí, no hay mayor felicidad que ser capaz de amar de verdad. La fuerza para vivir así nos viene de Dios que nos regala todo. Estamos invitados a vivir en la gratuidad y en la confianza, nunca pendientes del poder, del prestigio y de la rentabilidad.
El Papa Francisco ha reflexionado sobre lo que el mundo nos propone: “imponerse a toda costa, competir, hacerse valer”. Ante estas actitudes, nos ha invitado a los cristianos a que vivamos al servicio de los demás y a que no seamos “altivos, sino disponibles y respetuosos”.
Nuestra oración hoy, puede ser: Tú, Señor Jesús, nos cuestionas ante nuestras necesidades exageradas de ser los primeros, y nos propones el camino del amor haciéndonos servidores de todos.






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